PASO 1
En primer lugar, lavamos a fondo las carcasas con abundante agua fría y retiramos las partes sanguinolentas y cualquier resto de grasa o vísceras.
Opcionalmente, podemos escaldar las carcasas para obtener un caldo más limpio y de sabor más fino. Las cubrimos de agua fría y las llevamos a ebullición a fuego fuerte. Nada más empezar a hervir, tiramos el agua y las enjuagamos.